Tiempo Argentino

Edición: 22 de Febrero de 2012

22 de Febrero de 2012

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Matan de tres tiros por la espalda a un chico que estaba secuestrado

Matías Berardi, de 17 años, fue capturado el martes a la madrugada en Ingeniero Maschwitz cuando volvía de una fiesta de egresados en Capital. Los delincuentes se comunicaron cuatro veces con la familia y después no llamaron más.

Por:
Gastón Rodríguez

Cuando todavía los vecinos de Campana intentaban reponerse del duro golpe que significó para la ciudad la muerte del profesor y director de escuela Mario Alberto Segovia, un nuevo crimen estremeció a la localidad del norte de la provincia. Esta vez la víctima fue Matías Berardi, un adolescente de 17 años que estaba secuestrado desde el martes y que fue encontrado ayer a la tarde asesinado de tres balazos en la espalda.
El trágico hallazgo ocurrió al costado de la ruta provincial Nº 6, en un oscuro descampado a 700 metros de la Panamericana que los lugareños apodan "la parte de atrás de Campana", por ser una zona inaccesible y olvidada. En ese paraje desolado de árboles altos y zanjas anchas, el cadáver de Matías yacía de espaldas y con el torso desnudo. Las marcas de por lo menos tres disparos de arma de fuego paralizaron a un empleado rural que ni siquiera se atrevió a acercarse más al cuerpo.
El baqueano llamó a la policía y cuando los efectivos llegaron al lugar recordaron de inmediato la denuncia de un secuestro en Ingeniero Maschwitz, partido de Escobar, unas horas antes. La última vez que se lo vio con vida a Matías fue el martes entre las 5:30 y las 6. Esa mañana, el joven se despidió de sus amigos y se bajó de una combi a la vera de la Ruta 6, a la altura del cruce con la Panamericana, para ir a su casa, ubicada en un country de la zona. La noche anterior todos habían ido a bailar al boliche Pachá, en la Costanera Norte de la Capital Federal, donde se realizó una fiesta de egresados del colegio Santa Inés. Pero el adolescente jamás se acostó en su cama. Según la reconstrucción de los investigadores, cuando iba su casa dos o más hombres lo redujeron y lo subieron a un coche.
No había pasado una hora cuando la familia del chico recibió un llamado telefónico que confirmó el peor de los temores. Era Matías, quien con vos quebrada pidió ayuda y rogó para que junten dinero. Luego llegó el turno de una voz anónima que explicó que se trataba de un secuestro y exigió diez mil pesos como rescate. Desesperados, los padres denunciaron el hecho y esperaron a la próxima prueba de vida.
A las pocas horas una nueva comunicación preocupó más a los investigadores -además del gabinete antisecuestros de la DDI Zárate-Campana, a esta altura ya intervenía en el caso la división Delitos Complejos de la Policía Bonaerense- y también a la familia. Los secuestradores no entregaban mensajes claros ni colocaban a Matías al teléfono. "Se notaba que eran improvisados y el problema con ellos es que siempre termina mal", confió una fuente a Tiempo Argentino.
El informante también confirmó que no se llegó a pagar el rescate pactado porque los delincuentes cortaron de manera brusca los llamados con la familia.
"Sospechamos que se trató de un secuestro al voleo, porque los delincuentes estaban esperando a la víctima en el lugar, para ellos si se bajaba este chico u otro era lo mismo", arriesgó la fuente. En total hubo cuatro llamados entre los secuestradores y la familia, y la última cifra acordada fueron seis mil pesos.
El responsable de reconocer el cuerpo fue el propio padre de la víctima, un veterinario de Escobar que se deshizo en llantos al confirmar la identidad de su hijo y cuyos gritos desgarradores se escucharon en todo el edificio.
Los médicos determinaron en una primera inspección que el chico presentaba tres impactos de bala en la espalda, aunque los médicos forenses practicarán la autopsia para determinar con precisión la mecánica de la muerte.
Además del padre de la víctima, se encontraban en la escena del crimen el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, el jefe de la policía provincial, Juan Carlos Paggi, y el superintendente Hugo Matzkin, jefe de Investigaciones de la fuerza. Los funcionarios fueron prudentes en las declaraciones, aunque Paggi arriesgó que el caso "era raro".
Berardi se convirtió en la octava víctima de secuestro, desde 2002, que termina muerto a manos de sus captores . En la trágica lista figuran Diego Peralta, secuestrado en el Jagüel en 2002; Juan Manuel Canillas, de 23 años, asesinado en Vicente López también ese año; Axel Blumberg, asesinado en 2004, luego de estar cautivo durante seis días; el último había sido Rodolfo González, de 18 años, en noviembre de 2008, en Saavedra.  <