
Por:
Felipe Yapur
La cumbre del Mercosur estuvo sazonada por una justa combinación de política y economía. Por un lado, los países que integran el bloque rubricaron el Código Aduanero, tras superar el punto crítico de los derechos de exportación gracias al entendimiento político entre Cristina Fernández y el presidente uruguayo José "Pepe" Mujica, quienes acordaron que se respeten las legislaciones preexistentes. "Fue la mejor cumbre desde la que se hizo en Ouro Preto", dijo Lula da Silva, quien a partir de ayer ejercerá por última vez la presidencia pro tempore del Mercosur. Sin duda, el brasileño le dio la pizca de emoción que faltaba a la cumbre ante la ausencia -alegando cuestiones de salud- del siempre convocante mandatario venezolano, Hugo Chávez.
Hacía demasiado frío en San Juan. Tanto que las calles se humedecían por el agua nieve que caía. En cambio, adentro del Centro Cívico, donde se realizó el encuentro presidencial, el calor estaba donde se realizaban las deliberaciones. Primero fue el turno de los cancilleres, quienes trabajaron a destajo para solucionar el problema de las retenciones a las exportaciones, que era el principal obstáculo para sellar el nuevo Código Aduanero del bloque regional.
Sin embargo, el punto final lo pusieron Cristina y Mujica, al resolver que el inciso cuatro del artículo 157 superara esa traba. El punto en cuestión dice que el presente Código no contempla los derechos de exportación y, por lo tanto, la legislación de los Estados parte será aplicable en su territorio aduanero preexistente a la sanción de este estatuto. (ver p. 3)
"Hemos saldado las diferencias", dijo la mandataria argentina tras el encuentro, en alusión a la charla que había mantenido con su par uruguayo. La fórmula conseguida dejaba contento a los dos países y sumaba un nuevo logro tras el acuerdo por el conflicto de Botnia (ver p. 5).
Lula no dejó pasar la oportunidad para hablar del tema. Durante la conferencia de prensa final sostuvo que lo aprobado es algo "excepcional" y entre risas, se lo dedicó a "quienes apostaron toda la vida al fracaso del Mercosur". La referencia de Lula no fue gratuita ni al azar. De hecho, ya había dicho en el marco de la cumbre que cuando llegó por primera vez a la presidencia del bloque primaba el ALCA y nadie creía en la continuidad del Mercosur.
En tanto, la crítica situación que atraviesan por estos días Colombia y Venezuela, no figuraba en la agenda acordada por los países del bloque regional. Pero ni siquiera la ausencia de Chávez evitó que el tema estuviera presente, al menos, en los discursos de los presidentes. Fernando Lugo, de Paraguay, fue el primero en mencionarlo. Sin ambages, el mandatario dijo que "los vientos de guerra ya no soplan ni soplarán, aunque algunos intenten enarbolar falsas consignas en contra de los intereses del pueblo. Es necesario congeniar posturas y por eso estamos confiados en que encuentren una salida pacífica."
La frase le dio pie al canciller Nicolás Maduro, quien estaba sentado en la mesa en representación de Chávez, para referirse a dos puntos que le interesan. Por un lado, el canciller bolivariano dijo que su país "quiere construir de manera profunda la paz justa en Suramérica" y que el conflicto debe ser resuelto en la esfera de la Unasur. Pero Maduro sintió también que tenía la oportunidad de elevar un pedido al pueblo paraguayo, al solicitar de manera directa que el Senado de ese país apruebe el ingreso de Venezuela al Mercosur. "Lo pedimos porque ya nos sentimos parte del bloque", destacó.
Los jefes de Estado respondieron a la solicitud de Maduro con un comunicado en el que reivindican lo realizado la semana pasada por los cancilleres de la Unasur en Ecuador, y recomendaron a la presidencia pro tempore, que ejerce el ecuatoriano Rafael Correa, y al secretario general Néstor Kirchner, que convoquen rápidamente a una reunión extraordinaria del bloque. El documento surge días antes de que tanto Lula como el ex presidente argentino viajen, por separado, a Venezuela y Colombia para reunirse con las partes en conflicto.
La decisión del mandatario brasileño es una muestra de la tónica que le quiere imprimir a su presidencia pro tempore del Mercosur. Será la última porque en enero próximo entrega el gobierno brasileño. En ese marco, todo indica que busca contribuir a la solución del conflicto y, por otra parte, reconoció que es su deseo cerrar esta tarea y la de su mandato en Brasil, con un acuerdo definitivo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Antes de retirarse, los presidentes respaldaron el reclamo argentino por Malvinas y la protección del Acuífero Guaraní. <