Tiempo Argentino

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18 de Junio de 2013

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Miradas sobre la relación con Brasil

Cristina Fernández mantendrá una reunión bilateral con Dilma Rousseff el viernes en Caracas, durante la cumbre del CELAC.

Por:
Tiempo Argentino

Adolfo Aguirre
Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA.

El camino a construir es de mayor integración

La crisis internacional golpeará y lo hará duramente. América Latina sufrirá las oleadas que las sociedades europeas están sufriendo hoy. Las nuevas generaciones han descubierto que por primera vez tendrán menos derechos y más incertidumbres que sus padres. En este contexto, Brasil y la Argentina deben ser más socios y estar más integrados que nunca.
Brasil y la Argentina han sido competidores naturales en la escena regional desde que las burguesías de ambos países diagramaron sendos proyectos nacionales. Esta relación fue teniendo sus altibajos, pero puede decirse que desde la firma del Tratado de Asunción (26 de marzo de 1991) y la aceptación por parte de la política exterior argentina de un proyecto con clara impronta "carioca", se asumió que la política exterior regional e internacional, desde la óptica comercial de Ouro Preto o de cooperación política que se incorporó en la etapa posneoliberal, debe estar ligada a la visión de alianza estratégica argentino-brasileña.
El nuevo desafío es trasladar a esta asociación potente en el plano global. La nueva retórica regional, que tomó fuerza después del "No al Alca" de 2006, basada en una concepción de integración de los pueblos y de priorizar las necesidades sociales de la región por encima de la lógica meramente comercial. Una visión que está en desarrollo en espacios políticos como la Unasur y en la flamante CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).
Es decir que Brasil, como nuevo actor global, y la Argentina, como aliado estratégico fundamental de este actor, pueden asumir la responsabilidad de llevar la voz regional a ese plano y, a su vez, no funcionar como correa de transmisión entre las "tendencias" de los grandes jugadores de la escena internacional. Si en el plano regional Brasil utiliza su desarrollo para mejorar las herramientas de extracción primaria, mediante el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) para mejorar la competitividad de sus empresas, y no para potenciar el desarrollo sustentable, se estaría perdiendo la oportunidad histórica que brinda el contexto político actual.
En este sentido, en 2012 habrá dos acontecimientos globales de gran dimensión política y tendrán lugar en este continente y en dos de los países miembro del G-20. El primero de ellos el "Río+20" (Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable que se celebrará del 4 al 6 de junio en Río de Janeiro) y la Cumbre de jefes/as de Estado del G-20 que se desarrollará a mediados de año en México, que además detentará la presidencia del organismo que reúne a las 20 economías más desarrolladas y emergentes del planeta.
En este rumbo, se vuelve central la cuestión de la soberanía material, ambiental y alimentaria. Material: disponer de los recursos disponibles en los territorios y convertirlos en desarrollo real de los pueblos, pero también como freno a la presión especulativa en el plano de la economía financiera y de empresas multinacionales, cuya jurisdicción es muchas veces más potente que la estatal. Ninguno de estos planos puede concretarse, en el marco de un discurso y una acción progresista, por fuera del principio que la legitimidad soberana está en el pueblo y se mantiene y renueva en espacios de interlocución y discusión con sus organizaciones sociales y populares. Ambiental: la región necesita instalar la idea de una transición justa en materia del derecho al desarrollo industrial y tecnológico con cuidado del impacto ambiental, en tanto los países centrales deben ser quienes asuman los costos del deterioro producido por la voracidad de su expansión. Alimentaria: la región puede producir y agregar valor a lo que emana de su propia tierra, y tiene los elementos para frenar la especulación financiera en el sector de los commodities y asegurar la buena alimentación de sus pueblos.

 

Lido Iacomini
Coordinador de la Comisión de Asuntos Internacionales de Carta Abierta.

Juntas pueden ser dinamita

Estamos a poco más de seis años de la Cumbre de Mar del Plata, que al hundir el ALCA se transformó en un hito que inició la desconexión de los resortes de la dependencia de los EE UU en la región. Se inauguró entonces, a tranco largo, una marcha hacia la convergencia latinoamericana, dibujando un nuevo mapa que dejaba traslucir los sueños de la Patria Grande. Otro hito está por suceder este fin de semana: la cumbre inaugural del CELAC, coronando esta etapa, opacará a la monroviana OEA, instalando una institución propia de la multipolaridad de la época.
La reunión de este viernes entre las damas fuertes de la región no es un hecho menor, ni casual ni protocolar. Su agenda concreta gira al servicio de la superación de obstáculos propios de una relación en continuo desarrollo, entre ellos el déficit que se desprende del intercambio comercial. Pero el encuentro genera un voltaje político que pone de manifiesto el papel decisivo del eje Brasil-Argentina en la integración latinoamericana, en sus avances institucionales y sobre todo en sus esperanzas y potencialidades.
Dilma Rousseff, en pleno proceso de estructuración y crecimiento de su liderazgo, heredero del incomparable Lula Da Silva, gravita apoyada en la formidable dimensión económica y política de Brasil. Cristina, atravesando el mejor momento del kirchnerismo en el gobierno, potencia políticamente el porte mediano de la Argentina a fuerza de un prestigio internacional en ascenso, contrastando una heterodoxia exitosa que luce sobre el fondo de una debacle generalizada de los buenos alumnos del FMI.
Es posible que juntas sean dinamita, parados como estamos frente a una coyuntura inédita, grave y grávida a la vez: la crisis internacional es un enorme peligro pero también una gran oportunidad. En una transición sin destino cierto, EE UU y los jirones de una Europa estragada por el predominio del capital financiero, continuando con las mismas recetas que los llevaron al desastre actual, buscan una reconfiguración geopolítica mundial, desconociendo la forma y/o el fondo de las democracias representativas, como lo hicieron en Grecia y en Italia, apaleando a los jóvenes indignados, apelando a la represión incluso en Wall Street, reproduciendo el militarismo intervencionista de Bush, como en Libia, y usando la amenaza y el chantaje político y militar a semejanza de otros períodos nefastos de la historia que precedieron a las grandes guerras. Si hay una coincidencia en los analistas del mundo es que no se ve la salida a la crisis: la perspectiva es el reagravamiento y la recesión.
El cumplimiento de las promesas de profundización de los cambios exige marchar en dirección opuesta a los "consejos" de ajustes que el FMI impone a los países europeos en crisis. Con pulso firme y conciencia previsora de los efectos de la recesión internacional que se avecina, hoy más que nunca es necesario enfrentar la inequidad en la distribución de las riquezas y la renta del trabajo regional, a la vez que fortalecer el papel de nuestros Estados en la promoción de la inversión, el crecimiento económico y la justicia social.
La Argentina, Brasil y gran parte de latinoamérica constituyen un esbozo alternativo, en la medida que conjugen sus esfuerzos hacia la integración política a la vez que profundicen sus políticas antineoliberales. No son casuales las expectativas y la audiencia creciente que las palabras y la conducta de Cristina encuentra en los foros internacionales: su liderazgo político y su popularidad entronca con la necesidad de alternativa que tienen gran cantidad de naciones y que miran a una América Latina emergente. Dilma y Cristina, la Argentina y Brasil, junto a la vasta diversidad de la región, que no es obstáculo sino riqueza, tienen una oportunidad pero corren con el tiempo frente las fuerzas disciplinadoras del gran capital financiero. El CELAC es un gran paso en esa dirección.

 

Fernando Peirano
Economista de la Universidad Nacional de Quilmes y miembro de AEDA.

Apostar a la cooperación para enfrentar la crisis

El encuentro en Caracas entre Dilma y Cristina reafirma que la Argentina y Brasil van a seguir enfrentando los problemas que genera la economía internacional de forma cooperativa. Cada país lidiará con las dificultades que plantea la crisis global, asumiendo que forma parte de un espacio regional y, por lo tanto, debe buscar acciones que atiendan a sus objetivos y metas pero también que no generen perjuicios sobre sus vecinos. Esto es una señal política importante en tiempos donde se subraya la falta de liderazgo para enfrentar los problemas económicos y, por el peso de estas dos economías, seguramente marcará la pauta para el conjunto de los países sudamericanos. En el plano económico esta reunión confirma el rumbo adoptado desde los tiempos de Néstor Kirchner y Lula. La experiencia del año 2009 demostró la conveniencia tanto para la Argentina como para Brasil de articular políticas para morigerar los efectos de la crisis internacional. Estas cumbres allanan el camino para que, luego, desde un el plano técnico, se diseñen las soluciones creativas necesarias para ir mitigando cada uno de los problemas que vayan surgiendo.
Difícilmente estas economías puedan adoptar medidas generales de coordinación que las liberen de la necesidad de negociar acciones puntuales y sufrir alguna que otra tensión bilateral. La Argentina y Brasil siguen estrategias macroeconómicas distintas, siendo la política cambiaria uno de los aspectos más evidentes. Esto obliga a que haya que trabajar problema por problema y sector por sector para ir atendiendo las dificultades que vayan surgiendo, utilizando la regulación del comercio exterior, la oferta de financiamiento y las compras públicas como recursos clave. En gran medida, esto ya se aplicó en 2009 y permitió que ambos países superen de forma aceptable la adversa coyuntura y retomen rápidamente el crecimiento.