
Por:
Jimena Segura
El debate suscitado acerca del plan de estudios que forma a los economistas, resurgió en el ámbito académico a partir del intento de las autoridades de la Universidad de Buenos Aires de "actualizar", y el de la Universidad Nacional de la Plata de "reformar", los contenidos de la carrera de Licenciatura en Economía. La cuestión aborda el sentido propio del ser economista, y por ende la razón de ser de la economía política como ciencia. En este sentido, la forma en que el contenido se impone es también presa del debate. Esto es, quién y de qué manera se toman las decisiones sobre qué tipo de profesionales requiere la sociedad actual.
CIENCIA O IDEOLOGÍA. Según un comunicado del Departamento de Economía de la FCE-UBA, en la convocatoria realizada el mes pasado a docentes titulares de la carrera, las autoridades manifestaron la necesidad de que profesores titulares y asociados a cargo de cátedra actualicen los programas oficiales, los cuales deben ser aprobados por el Consejo Directivo. Las actividades a desarrollarse entre el 2010-2014 apuntarían a las "revisión de las materias troncales", "integración de contenidos y articulación de materias" y "revisión de estándares de materias optativas" .
La convocatoria dio lugar a un amplio debate entre estudiantes, docentes y graduados, sobre cuál debería ser la orientación de la actualización. La última reforma fue realizada en 1997 y en el medio sucedió la crisis argentina de 2001 y la debacle financiera mundial de 2008. De allí el reclamo de que se incorpore en la currícula teorías críticas que cuestionen al cuerpo teórico dominante en la carrera que, según la Asociación Gremial Docente, tiene "carácter excluyente por estar basado, en lo fundamental, sobre la teoría neoclásica". Los modelos y conceptos económicos resultantes de esta disciplina son considerados por numerosos académicos como un esquema impotente para el análisis de la realidad económica. Así, el filósofo argentino Mario Bunge la catalogó de "semiciencia".
El surgimiento de la economía política como ciencia se presenta en cuanto las crisis, oscilaciones de precios, la desocupación, aparecen como fenómenos que suceden a espaldas de la consciencia y la voluntad de los hombres, pero que son resultado de su propia acción social. Se trata de una ciencia cuyo carácter social e histórico se condice con la universalización de la producción mercantil mediante la acumulación de capital. De esta forma, la necesidad histórica que enfrentaron los clásicos como Adam Smith y David Ricardo, instó a la búsqueda de las leyes económicas que se impondrían de forma objetiva a través del mercado, lo que concretó los primeros cimientos de la ley del valor trabajo. La crítica a la economía política que aparece con la obra de Carlos Marx, desarrolló la ley del valor, pero cuestionó el carácter ahistórico y natural otorgado al modo de producción moderno y a sus leyes. La crítica consistió en descubrir el carácter histórico de estas leyes, y de esta forma analizar el germen de su transformación como producto de su propio desarrollo. La acumulación del capital llevaría su propia aniquilación.
Contemporánea a la contrarrevolución en Europa de la segunda mitad del siglo XIX, surge la revolución marginalista, iniciadores de la escuela neoclásica, por la cual la teoría del valor trabajo es progresivamente desechada y suplantada por nociones donde el trabajo es un factor productivo más, y el equilibrio de mercado el resultado agregado de la acción individual que busca maximizar sus preferencias condicionadas por recursos escasos. El individualismo metodólogico, la desaparición de las clases sociales, el papel secundario del trabajo humano, y esencialmente la ahistoricidad del capital, llevó a que este esquema se imponga y se reproduzca en el mundo, lo que particularmente sucediera en la Argentina durante la dictadura militar.
CÓMO REFORMAR. Martín Trombetta, docente de la FCE en diálogo con Tiempo Argentino, remarcó que si bien existen profesores críticos en la Facultad, desde marxistas hasta post keynesianos, estos "persisten en la clandestinidad académica. Los contenidos no forman parte explícita del programa, y el número es marginal." Ello estaría sostenido por la precarización laboral: "solamente el 16% de los docentes son regulares y muchos ni tienen designación. La mayor parte no sólo no entraría en la discusión convocada por las autoridades, tampoco tiene representación en el Consejo Directivo."
Facundo Barrera, graduado y miembro de AUGE, señaló a Tiempo que la UNLP recientemente presentó un intento de reforma del plan de estudios , "que pretende recortar contenidos y pasar materias obligatorias de la carrera ligadas a las humanidades al carácter de optativas, que deberían cursarse en otro edificio. En la sociedad no existe el mismo consenso, estas nociones son cada vez más impopulares."
UNIVERSALIDAD DE LA UNIVERSIDAD. La proliferación de unidades productivas y la mayor parcelización del trabajo dentro de las mismas a partir de la revolución industrial de fines de siglo XVIII requirió de la formación de trabajadores que recuperaran la visión integradora del proceso de producción. El economista como trabajador calificado se forma bajo esta necesidad. Su objeto de estudio sufre permanentes cambios. No se trata de conocer sólo las leyes del modo de producción moderno sino también la crítica que expone las determinaciones históricas para su transformación.