
Por:
Nacho Levy
Nadie se alarma por un cambio de pareja en el rugby. Y mucho menos por un cambio de auto. Pero cambiar de club sale caro, muy caro. Impregnada la atmósfera de aires amateuristas y corrientes elitistas, marean, asfixian y voltean los remolinos de acusaciones, a izquierda y a derecha. Alejandro Conti lo sabe bien. Conductor del SIC en sus últimas tres consagraciones, eligió el camino del profesionalismo y se mudó a Belgrano, en la temporada 2005.
Desde entonces, el Marrón empezó a crecer. Pero aun así, el Gordo debió padecer, entre el martirio de sus recuerdos, las gastadas de sus amigos y la rispidez del séquito ovalado, impiadosos atropellos rugbísticos de la camiseta que vistió como jugador entre 1969 y 1981. Su primera vez fue dolorosa. El SIC le cobró el desplante con una multa de 81 a 5, en su primer partido como adversario. Y atrás vinieron cinco derrotas más. Pero en el año del Bicentenario, todos los sábados resultan históricos para Belgrano. Como único líder, le tocaba visitar al escolta en la Zanja, inundada de lágrimas y derrotas marrones en los últimos 20 años. Y aún disfónico por el heroico triunfo ante La Plata, que cortó otra racha de 18 años, llegó la hora de Conti.
Ya pelado y sin piernas para los cortos, Pichino Cubelli miraba el césped, recordando la última victoria de Belgrano en esa cancha, el 26 de mayo de 1990. El estuvo ahí, jugando. Y ahora está ahí, esperando que su hijo salga a jugar.
Salió. Y la rompió, Tomás, la pesadilla del Zanjero, que perdió seis lines propios y se topó con un digno oponente en el scrum.
De inconsistencias y aciertos, el resultado alimentó el suspenso hasta el final, que tuvo nueve minutos de máxima tensión, a un metro del ingoal del SIC. Derrumbes, penales, manotazos, gritos y silencios fueron la previa de una genialidad del 9, que hizo sonar las ya místicas vuvuzelas. Y a un minuto del final, López Isnardi le dio al SIC la patada letal.
El Gordo no resistió: respiró y levantó los brazos, con los puños cerrados. "Ya estoy encariñado con mis jugadores y eso pesa más que nada. Ahora, en el SIC, me van a tener que aguantar a mí." Al costado, Cubelli padre se abraza con otros pelados. Y Cubelli hijo se abraza con otros pibes. Los amigos, en el rugby, no se cambian. Y el puntero, por lo pronto, tampoco. <