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Tiempo Argentino
En un partido aburrido por donde se lo mire, jugado a pura lucha y con pocas situaciones de gol, Estudiantes venció a Newell's en Rosario. La única explicación posible para la victoria Pincha es el penal que el venezolano Gabriel Cichero, defensor leproso, les regaló a sus rivales. Después, ninguno hizo méritos para llevarse el partido de la primera fecha. Los absuelve, de todos modos, que esto recién empieza y hay tiempo para mejorar.
El primer tiempo fue tan chato como todo el partido. Como si ambos lo aprovecharan para ponerse a punto después del receso. Además, los problemas de iluminación que obligaron a frenar el partido enfriaron el juego. Estudiantes tuvo más la pelota, pero la etapa inicial dejó muy poco.
El equipo de Alejandro Sabella ganó la mitad de la cancha gracias al oficio de Rodrigo Braña. Esa zona se volvió muy trabada. Newell's puso sus peleadores: Diego Mateo y Raúl Villalba. Pero la diferencia entre ambos equipos era que el Chapu entregaba bien. Y que las opciones eran Juan Sebastián Verón ?aún con falta de ritmo luego de su paso por el Mundial? y Gastón Fernández. En esos nombres nacían las jugadas de Estudiantes. Y ahí, también, morían.
De hecho, el único tiro al arco fue desde afuera del área y estuvo a cargo de Enzo Pérez. Newell's, por su parte, tuvo dos: una chilena de Agustín Alayes y un disparo de Luis Rodríguez. Nada más.
No cambiaron demasiado las cosas en la segunda parte. Pero Estudiantes encontró algo que parecía impensado para cualquiera: el gol. Gabriel Cichero bajó una pelota con la mano en el área de Newell's. Verón se hizo cargo del penal con un tiro potente a la derecha del arquero.
El Pincha se dedicó a cuidar ese tesoro. Y a Newell's le costó vencer la resistencia. Tuvo tiempo para una jugada polémica. El arquero Agustín Orión tiró a Iván Borghello. El árbitro Néstor Pittana dio penal, pero su asistente levantó la bandera. Las protestas leprosas no sirvieron de nada, aunque la TV mostró que el delantero estaba habilitado. Newell's insistió en su búsqueda del empate, aunque sin muchas ideas. Era demasiado tarde para despertarse. <