Tiempo Argentino

Edición: 23 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

23 de Mayo de 2012

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La práctica del boxeo ya hechiza a hombres y mujeres de toda edad

Se estima que en los últimos dos años creció más de un 50% la cantidad de gente que sigue este entrenamiento. Las chicas le dan un gran impulso. Además de los beneficios, muchos usan el pegarle a la bolsa como desahogo.

Por:
Ramiro Barreiro

Metal, sudor y bronca. Los gimnasios de boxeo de la Ciudad de Buenos Aires son disímiles entre sí. Sin embargo, tres sentidos coincidirán: los mismos sonidos, los mismos aromas, las mismas imágenes. La cantidad de boxeadores recreativos creció en forma exponencial durante los últimos dos años y los practicantes van desde los 9 hasta los 75 años, sin importar la clase social. Entre las causas del auge hay recomendaciones de médicos y psiquiatras, y un resurgir mediático en numerosas novelas o películas.
Las bolsas de arena pueden convertirse en figuras que representen broncas, miedos o injusticias. Con este precepto, Tiempo Argentino recorrió gimnasios y clubes, y descubrió que el boxeo trasciende todo. Desde el incentivo para abandonar el paco hasta el deporte cool elegido por profesionales y estudiantes, "hacer guantes" es una tendencia que crece y se mezcla con aquellos atletas amateurs que buscan ser profesionales.
En ese sentido, uno de los entrenadores más emblemáticos del boxeo nacional, Oscar Trotta, reconoció que "a veces los que hacen 'escuela' se le animan a los boxeadores". "Escuela" es el término elegido para diferenciar a los que transpiran para ajustarse el cinturón con los que lo hacen para aflojárselo.
Trotta entrenó a Oscar Natalio Bonavena, tal vez el máximo emblema del "sueño americano" pero en esta parte del continente. "En la época de Ringo, no había droga y no fumaba nadie", recuerda el hombre que trabaja en Huracán desde 1956, "hoy tengo dos chicos detenidos por el paco que ya pelean como profesionales. Vienen con órdenes de las psiquiatras, porque el boxeo los ayuda mucho, les cambia la mente, y si tenés ganas de hacer las cosas bien, después te vas tranquilo para tu casa."
La misma sensación tiene Estefanía Favorito, una abogada y estudiante de traductorado de inglés de 33 años que concurre al Almagro Boxing Club tres noches a la semana, para entrenar luego de trabajar 8 horas y que confiesa: "Cuando llego a casa sólo tengo energías para comer algo sencillo, darme una ducha e irme a la cama." Al igual que ella, decenas de médicos, arquitectos y profesionales en general saltan a la soga bajo las órdenes de dos profesores, y obligaron a las autoridades del gimnasio -abierto desde 1923- a "dividir el turno de la noche en dos y agregar horarios", según informó uno de sus dueños, Osvaldo Leo, otrora boxeador y víctima, como sparring, de los potentes guantes de un joven José María Gatica.
Carlos Alvariño Pérez, uno de esos "profes", sostiene que "los chicos del recreativo a veces le dan a la bolsa con mucha más saña que los boxeadores que pretenden ser profesionales, porque cada uno vuelca en la bolsa todos sus problemas, muchos lo usan como terapia para desahogarse".
Según el profesional, que estima un crecimiento del 50% en los últimos dos años, "los socios que se acercaron por el boxeo recreativo buscan adrenalina y sacarse ese escritorio y ese ordenador de encima, que nos tiene tan pendientes durante todo el día".
Sin embargo, muchos sucumben ante la tentación: "dos de cada diez chicos de recreativo piden guantes. Algunos hasta compitieron en torneos de la Federación de Box", revela Carlos y explica, con una frase, la parte más lúdica del entrenamiento: "la sombra es un complemento del box".
Sacando la frase de su contexto original, también sirve para describir la vida de muchas personas que no entienden el boxeo como una recreación y buscan completar las 30 peleas necesarias para poder sacarse el cabezal. El traspaso del amateurismo al ejercicio profesional es un camino que se recorre solo. Tal como lo describió el propio Ringo en la recordada frase del banquito.
Gonzalo Basile, mediáticamente reconocido como "El Patón", conoce bien ese camino. No tanto por su propia experiencia, dado que no le hizo falta concretar las peleas necesarias para pasar a la actividad rentada, gracias a sus condiciones, sino porque en la actualidad orienta a decenas de chicos y chicas que hacen sus primeras armas en Huracán. Entre consejos, revela el aspecto más valioso de su carrera: "perder temprano".
Resulta fácil imaginar la situación en la que debutó Basile. Familiares y amigos expectantes como distintivo de presión ante la situación vivida a diario en el gimnasio; un entrenador compasivo (por primera y última vez) y el primer rollo de vendas empapado por un nervioso sudor de manos. Las ganas de hacer las cosas bien, la presentación, las luces, el saludo y, de nuevo, la soledad. Cuatro puños se debaten títulos de valentía efímeros y esperan, algunos más pacientes que otros, que caiga la guardia y, con ella, el orgullo.
En el caso particular de El Patón, un primer round correcto y una tarjeta que regaló dos puntos arriba. "En el segundo round me cruzó un piñazo impresionante que me dejó una semana la cabeza torcida. Perdí por knock out y me fui triste ante mi gente. Fue feo debutar perdiendo, pero al otro día pensé que la derrota me venía bien, porque si yo me recuperaba de eso, podía lograr cualquier cosa. Eso me dio fuerza para seguir entrenando." El ejemplo de El Patón parece repetirse en cada mirada que se cruza en los gimnasios y clubes de boxeo. Es evidente que, más allá de los beneficios que proporciona un buen entrenamiento, el boxeo también permite endurecer el alma. <