
Por:
Matías Morales
Los prejuicios racistas tensionan la cotidianeidad de una sociedad mexicana dividida entre blancos e indígenas. Históricos maltratos, que incluían la esclavitud a principio del siglo pasado, han acarreado el resentimiento de los subyugados por los descendientes de inmigrantes europeos. A punto de cumplir 200 años, los mexicanos siguen intentando sentar las bases para la creación de una nación, y abandonar el aglutinamiento de poblaciones que nada tienen en común, más allá del lugar en el que residen.
A pesar de las claras muestras de discriminación, la mayoría de sus habitantes niega la diferencia de concepto que se tiene con el mestizo. En México, el racismo tiene forma de exclusión, por lo que se puede disfrazar por el empleador de una búsqueda de "buena presencia" u otras condiciones laborales y de capacitación.
La deficiente preparación que efectivamente existe en los sectores de población mestiza es otra prueba de la desigualdad de oportunidades. Un país que tiene a la mitad de sus habitantes viviendo en la pobreza habla de las carencias a nivel nacional. Pero si casi la totalidad de este indicador está ocupado por su población nativa (los "nacos", como se les llama despectivamente), nos obliga a incluir la variable racial. Muchas veces los indígenas no son contratados por falta de estudios, pero estos no estudian por las barreras raciales que dificultan su acceso a los centros educativos.
Se puede entender al racismo como la exacerbación racial de un grupo étnico, o como la doctrina política basada en este sentimiento, que muchas veces ha motivado la persecución de una etnia considerada inferior. En México no hay persecución, solamente una postergación de los derechos en donde la conciencia mexicana se distrae, y ve a los abusos como algo natural. Durante el Foro Regional de México y Centroamérica sobre Racismo, Discriminación e Intolerancia se afirmó que el principal problema para erradicar el racismo es que los Estados latinoamericanos ocultan, tergiversan y encubren la discriminación. Tan arraigado está en la población, que se permiten yerros como el del ex presidente Vicente Fox, cuando habló de los trabajos "que ni los negros querían".
El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la OEA aseguró que México "no parece percatarse de que la discriminación latente que padecen 56 grupos indígenas (...) queda comprendida en la definición de discriminación racial. Es inadecuada la descripción de la difícil situación de esos grupos como una mera participación desigual en el desarrollo socioeconómico." Amnistía Internacional, por otra parte, complementa estas afirmaciones declarando que detrás de las desapariciones, invasiones de tierras, pobreza y baja escolaridad, encarcelamientos arbitrarios y violencia contra las mujeres, se encuentra el racismo.
El dirigente maya, Gerardo Serech Sem, declara que el racismo "expresa prejuicios desfavorables, repugnancia, miedo, desconfianza, desprecio, hostilidad y odio (...) como mecanismo para esconder el estado de dominación, opresión y explotación". En una encuesta desarrollada por el Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación), nueve de cada diez indígenas coinciden en que tienen menos oportunidades para educarse y conseguir trabajo. Dos de cada tres aseguran que son nulas las posibilidades de mejorar su nivel de vida, y que sus derechos son permanentemente violados. Y uno de cada cinco declaró que se les han cerrado puertas laborales por el color de su piel.
La Encuesta Nacional de Vivienda reveló que el 40% de la población cree que el color de la piel influye en el trato que reciben las personas, el 11% declaró haberlo sufrido personalmente, y solo el 4% se reconoce racista. La división poblacional, que genera resentimientos arrastrados desde la época colonial, es un impedimento para el respeto de los Derechos Humanos, y una barrera que parece insuperable hacia una forma de vida democrática e igualitaria.