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Tiempo Argentino
Ahora tenemos 40 puestos vacantes en la fábrica, porque hay una altísima rotación de costureros debido al crecimiento de la industria", explica Hernán Zunini, del INTI. Según la Fundación Proteger, la producción de indumentaria creció un 35% en el primer semestre de 2010. Sin embargo, para los especialistas del CDI, ese incremento no impactó en la erradicación del trabajo esclavo.
De acuerdo a denuncias de la Cooperativa La Alameda y los datos que recopila el CDI, el tejido clandestino de la industria textil tiene contornos cambiantes. "Antes del incendio de Luis Viale, la mayoría de los talleres estaban en la Capital Federal, pero desde entonces, empezaron a trasladarse a lugares menos controlados del conurbano, para seguir manteniendo su producción", explica Gustavo Vera, referente de La Alameda.
El 10 de julio de 2009, diez días después de la inauguración del CDI, un grupo de dueños de talleres ilegales lo golpeó por las denuncias que realizó en su contra. Pero a pesar de los ataques, las investigaciones sobre el comportamiento de la red clandestina textil nunca se detuvieron.
Según calculan, la zona porteña que más talleres concentra es la que abarca los barrios de Flores, Floresta, Parque Avellaneda, Parque Chacabuco, Mataderos, Lugano, Villa Luro y Liniers. En el caso bonaerense, se circunscribe, en especial, a los partidos de La Matanza, Lomas de Zamora y San Martín. "La mayor cantidad de denuncias que nos llegan provienen de la zona que rodea a La Salada", detalla Néstor Escudero, para quien en los últimos años "hubo una migración de talleristas desde la zona sudoeste de la ciudad hacia el otro lado del Riachuelo. Esa constelación de galpones que emplea de 10 a 20 personas por taller tiene mucho trabajo pero "el nivel de informalidad se mantiene, porque las grandes empresas tuvieron que ampliar su capacidad productiva y recurrieron a la tercerización".
Según el economista de La Alameda y ex subsecretario de Trabajo Ariel Leutier, contratar talleres clandestinos mercerizados abarata costos, licúa responsabilidades legales y transfiere riesgos empresariales. Por ejemplo, los salarios pagados en talleres clandestinos son más bajos que los pagados en el sector formal de la industria, porque no hay cargas sociales, indemnizaciones ni cesantías.
A pesar de ello, la reactivación textil creó oportunidades de trabajo que podrían reducir la zona gris de la reducción a servidumbre, una práctica caracterizada por "una extrema vulnerabilidad de los costureros, explotación de inmigrantes indocumentados, jornadas de trabajo extensísimas, bajos salarios, hacinamiento, ausencia de condiciones mínimas de seguridad e higiene, niños y niñas encerrados en pequeñas habitaciones para no obstaculizar la producción y hasta la trata y tráfico de personas", concluye Leutier.<