Tiempo Argentino

Edición: 1 de Agosto de 2014 | Ediciones Anteriores

1 de Agosto de 2014

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Lo que tapó la tapa blanca de Clarín

Por:
Roberto Caballero Director.

Si la vara para medir la libertad de expresión es que Clarín llegue o no al kiosco, cualquier desprevenido puede creer que durante los siete años que duró la dictadura cívico-militar, la libertad de expresión funcionó a pleno en la Argentina porque Clarín y La Nación no dejaron de aparecer ni un solo día mientras los que desaparecían bajo las botas eran periodistas y trabajadores. Estos dos diarios publicaron 2555 ediciones, de manera ininterrumpida, sin mencionar que se arrojaban opositores vivos al mar.


El eje que intenta instalar Héctor Magnetto para defender sus privilegios económicos es un insulto a la memoria y a la inteligencia de toda la sociedad: el problema lo tiene en su empresa editora AGR, donde su gerencia de Recursos Humanos no se dio por enterada que la democracia -también la laboral- regresó hace ya 28 años al país, e impide como si nada que haya comisiones gremiales internas, como lo impedían la mayoría de las empresas en los años de plomo.

Que sus voceros levanten ahora la "libertad de expresión" para aplastar el derecho sindical al reclamo es un gesto de barbarie intelectual, rayano en el clasismo salvaje del siglo XIX, que por su gravedad supera cualquier discusión legítima sobre la justeza o no del bloqueo que decidieron los trabajadores de su planta.

No es bueno que los diarios no salgan a la calle, y esto incluye a Clarín, opinemos lo que opinemos sobre su línea editorial, hoy bastardeada por sus accionistas. La democracia necesita que la tolerancia de todos beneficie también a los intolerantes. Pero por un minuto, yo invito a todos los que leen a que se pongan en los zapatos de los trabajadores que hace ocho años son víctimas de una persecución ilegal, junto a sus familias. No seamos aliados del miedo ni de la prepotencia: detrás de un trabajador que reclama desde hace tanto tiempo, lo único que hay es una empresa que no sabe o no quiere escuchar.
No se puede asumir como propio el discurso falsamente victimizado de un oligopolio que atenta cotidianamente contra la libertad de expresión de verdad. ¿O no es el Clarín de Magnetto el que se niega a aceptar la Ley de Medios de la democracia, y añora la Ley de Radiodifusión de Videla? ¿O no es el Clarín de Magnetto el que se opone a subir a la grilla de Cablevisión a CN23, Paka Paka, Telesur e Incaa TV? ¿O no es el Clarín de Magnetto el que desconoce una resolución oficial y sigue brindando ilegalmente Internet a través de Fibertel? ¿O no es el Clarín de Magnetto el que impide saber si Felipe y Marcela Noble son hijos de desaparecidos? ¿O no fue el Clarín de Magnetto el que hundió al diario Perfil en 1998 con su competencia desleal en el manejo con los anunciantes? ¿O no es este grupo y sus gerentes los que  son investigados en la justicia por presuntos delitos de lesa humanidad en el traspaso accionario de Papel Prensa? ¿No es este Magnetto el mismo que está siendo investigado judicialmente por entrevistarse con el torturador de los Graiver antes de que la picana se posara sobre los genitales de Lidia Graiver?
La tapa en blanco de ayer sólo puede ser tomada en serio por Belén Francese y los diputados que quieren transformar al Parlamento en bufete de abogados de un grupo económico; y a la justicia de todos en sierva sumisa de los dueños del poder y del dinero.
Harían bien en escuchar el reportaje radial que Jorge Rial le hizo ayer mismo al periodista Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín. Sin la bravata habitual del "periodismo independiente" y cargando la injusta mochila de "chimentero", Rial le preguntó -como debe preguntarse- si era cierto que desde el año 2000, después de haber echado a cientos de sus trabajadores, Clarín no tenía Comisión Interna en su redacción, a lo que un Kirschbaum balbuceante respondió que sí, aunque rápidamente aclaró que él no estaba de acuerdo con la situación.
Le dio vergüenza.
No es para menos.