
Por:
Alberto López Girondo
Con una cena para 250 invitados, entre ellos los principales jefes de Estado de la región, Cristina Fernández inauguró ayer en San Juan, acompañada de Néstor Kirchner, la 39ª cumbre del Mercosur. "Es un momento muy especial para la economía del mundo y para las economías de la región", dijo la presidenta. "El siglo XXI guarda para América del Sur un destino como protagonistas de una nueva realidad política, económica y social", agregó, e inmediatamente después invitó a sus pares a brindar en una antigua bodega que sobrevivió a los dos terremotos que azotaron a la capital provincial (en 1944 y en 1972).
El Mercosur, ese organismo regional que nació a fines de los años 80 como una intención integradora, pero con un sentido basado en lo comercial, parece estar dando pasos definitivos hacia una consolidación en aspectos que, sin dejar de lado lo económico, implican la defensa de un espacio común de convivencia democrática y del medio ambiente.
Esto se desprende de algunos de los temas que se debaten en la reunión de presidentes. Porque en paralelo con el debate sobre los aranceles externos comunes y el reparto de la renta aduanera -y más allá de las referencias obligadas al conflicto entre Venezuela y Colombia- se anunció la creación del Instituto de Políticas Públicas de Derechos Humanos del Mercosur (ver aparte) y podría decirse que el Mercosur se apropió de uno de sus mayores recursos: el agua.
En ese sentido se firmó un acuerdo para la conservación del Acuífero Guaraní. Los países del bloque sudamericano pasaron oficialmente a considerarse como "únicos titulares" de ese curso subterráneo, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo. Toda una declaración de principios si se recuerda que apenas hace unos días el gobierno de Evo Morales se anotó un triunfo en su planteo de defensa del medio ambiente cuando la ONU instauró el acceso al agua como uno de los Derechos Humanos.
En la Cumbre de San Juan se deliberó también durante varias horas sobre el tema económico más intrincado que tiene que resolver, como lo es el Código Aduanero, un paso fundamental para lograr la unión aduanera plena (ver p. 3).
Entre tanto, el secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Alfredo Chiaradía, coordinador nacional del Grupo Mercado Común realizó un balance de la presidencia pro tempore del bloque regional que ejerce Cristina Fernández. El futuro embajador argentino en Washington, resaltó como un logro "el reinicio de las conversaciones con la Unión Europea" que de fructificar, crearía un área de comercio de más de 700 millones de personas.
Las conversaciones, cristalizadas pocos meses atrás en Madrid, no han ido más rápido porque el bloque sudamericano prefirió demorar algunos aspectos de posibles convenios para defender posiciones e intereses de la región.
Fue la ministra de Industria, Débora Giorgi, quien se encargó de resaltar el cambio de paradigmas del Mercosur para enfrentar la crisis que golpeó a los Estados Unidos y el Viejo Continente. "Se han dado avances importantes en el fortalecimiento del Mercosur, y una muestra de eso es cómo la región atravesó con solvencia la peor crisis internacional de los últimos 75 años, gracias a la decisión política de nuestros presidentes que priorizaron la preservación de la producción y el trabajo", señaló Giorgi.
A su turno, el ministro de Economía, Amado Boudou, habló sobre la posibilidad que se abre de sustituir en el comercio entre los estados del Mercosur "las monedas consideradas de referencia por las monedas locales, lo que le va a dar mayor dinamismo al intercambio intrazona. Una medida de esa naturaleza, dijo Boudou, "potenciaría el crecimiento que hemos visto en el último semestre en nuestros países y fortalecería el comercio intrazona que viene desarrollándose muy rápidamente". <