
Por:
Fernando Navarro Diputado provincial bonaerense - FPV.
Si Evita viviera..." Desde el día en que su vida se extinguió, esas tres palabras han sido disparadoras de consignas, reflexiones y debates que atraviesan el casi medio siglo que llevamos sin la protagonista de una gesta de menos de siete años que la erigió en la mujer más importante de nuestra historia.
Suele cuestionarse como una falta de rigor el plantearse como posible lo imposible, preguntarse qué sucedería y qué haría si estuviera presente quien ya irremediablemente no está. Pero así como sucede con Evita y muchas otras personalidades de nuestra historia, en nuestra propia vida familiar vivimos preguntándonos qué ocurriría si estuviera presente un ser querido que se marchó, alguna de aquellas personas que por una u otra razón nos marcaron.
Si Evita viviera sería linuxera, bloguera, montonera, peronista, más revolucionaria, piquetera, desaparecida, viejita, viuda, motoquera, camionera, chavista, guerrillera, ricotera (e Isabel sería soltera)... Estas y muchísimas otras consignas expresan no sólo ingenio, pasión o extravagancia. Expresan también que su figura es tal vez la más disputada por las diversas identidades desde las cuales las personas se definen en nuestro presente.
No se puede esclarecer un imposible. Evita ya no está y pensar cómo se definiría frente a situaciones, problemas o desafíos actuales sólo tiene valor si nos planteamos cuál fue el sentido de lu lucha y cuál es el camino más apropiado para ser consecuentes con esa lucha.
Para hacerlo, tenemos una gran ventaja: Eva Perón no era una persona de medias tintas. A partir de su lealtad a Perón y a su pueblo, tenía muy en claro por quiénes luchaba y quiénes eran los enemigos históricos de esa lucha. Su odio a los oligarcas, a las damas de caridad, a los explotadores, a todos aquellos que mantenían al pueblo sumido en la infelicidad, era la contrapartida de un amor conmovedor por los necesitados, los postergados, los oprimidos, los olvidados, los humildes, los que menos tienen.
Cada día de su epopeya junto a Perón, Evita se propuso apasionadamente dejarlo todo para remover una a una las injusticias. A lo largo de décadas se sigue declamando que donde hay una necesidad existe un derecho. Pero Evita construyó la conciencia de ese derecho surgido de la necesidad en cada trabajador que accedió a un salario digno y vacaciones, en cada mujer que votó, en cada anciano que salió de la desprotección, en cada niño que aprendió a leer y escribir y tuvo su juguete, en cada costurera que recibió su máquina, en cada fábrica que creció, en cada familia que accedió a su vivienda.
A nadie escapa el carácter amplio y policlasista del movimiento que fundó Perón, así como las contradicciones que siempre se albergaron en su seno, que han significado incluso que desde el propio justicialismo se impulsaran sin piedad ni pudor políticas destinadas a desarticular todo vestigio del Estado de Bienestar e instaurar el más feroz neoliberalismo.
Hoy, el país que estalló en 2001 y estuvo al borde de la disolución transita por más de seis años de crecimiento económico, reducción de la desocupación, reconstrucción de su aparato productivo, recuperación de su soberanía política y reafirmación de su independencia económica en un contexto de integración regional. A cada persona le pueden gustar más o menos "los Kirchner" y cada uno de nosotros puede tener una idea diferente respecto de las cosas que se hicieron, se pudieron haber hecho y se deben hacer.
Pensar qué sería y qué haría Evita si viviera este presente, tendrá sentido en la medida que nos sirva para comprender mejor quién es y qué hace cada uno de nosotros para ser consecuente con su lucha y su legado histórico. Y aunque su figura ha adquirido tal dimensión que nadie o casi nadie quiere quedar fuera de su "paraguas", no creo que sea tan difícil imaginar junto a quiénes podría estar y con quiénes no estaría nunca en estos días Evita.
Días atrás, una multitud marchó con antorchas del Ministerio de Trabajo a la CGT para evocar su lucha. En ese mismo momento, convocados por la Sociedad Rural, dirigentes políticos de diversos partidos, entre ellos algunos peronistas, rindieron examen ante una de las organizaciones que más claramente expresa los intereses de la oligarquía, para debatir cómo reducir o eliminar las retenciones.
¿Dónde hubiéramos podido encontrar a Evita? ¿Junto a los trabajadores y a las organizaciones sociales o en la mesa de la Sociedad Rural? ¿Querría renegociación digna de la deuda o sumisión al FMI? ¿Integración latinoamericana o relaciones carnales? ¿Los negociados de las AFJP o el sistema de reparto? ¿Trece por ciento de descuento a los jubilados o jubilaciones cada vez más dignas y para todos? ¿Damas de caridad o Asignación Universal por Hijo? ¿Manejo de los medios de comunicación por unos pocos o democratización del acceso a la información?
No está mal que cada compañero peronista se sienta un celoso custodio de nuestra identidad política y reflexione si quienes dirigen o gobiernan expresan en mayor o menor medida esa identidad. Pero ese ejercicio será abstracto, hueco, a veces incluso hipócrita, si no lo efectuamos a partir de uno de nuestros apotegmas fundamentales: la única verdad es la realidad. Seremos más peronistas y por ende más consecuentes con la lucha de Eva Perón en la medida que enfrentemos con claridad a los poderosos y seamos capaces de trabajar día a día para ampliar el acceso a los derechos y construir una convivencia más justa y más digna para todos. No será en la mesa de la Sociedad Rural que honraremos ese desafío. <