Tiempo Argentino

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20 de Abril de 2014

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Siempre estuvo cerca

presente. Leticia, hermana de la jugadora Adriana Acosta, desaparecida durante la última dictadura y cuyo nombre viste una cancha del Cenard, presenció la final en Rosario. "El hóckey me conecta con ella", contó.

Por:
Natalia Florio

Como buena hermana menor, le seguía el rastro. Si Adriana quería caramelos, atrás aparecía ella, más pequeña, copiona, con el clásico "yo también quiero". Y entonces, el kiosquero, feliz, vendía todo de a pares. Si Adriana quería dibujar o bailar, atrás iba ella con su hoja en blanco para hacer garabatos o con sus zapatitos para imitar sus pasos. Típico de hermanas. Y así fue como un día Adriana quiso jugar y ella, Leticia, cuatro años menor, también se sumó. "Empece a practicar hóckey por ella. Siempre la veía con su palo y entonces la quise copiar", recuerda Leticia a sus 50 años, mil más extrañándola.
 
ESA TARDE. Estudiante de Ciencias de la Educación, después de Medicina, Adriana fue deportista toda su vida. Se paseó por la primaria jugando al hóckey, disfrutó de ser la capitana en su Lomas querido y llegó a integrar la Selección Nacional, que sería, tres décadas después, un equipo lleno de Leonas. Formó parte de la Selección Juvenil en 1972, un año más tarde jugó en la Mayor contra Estados Unidos y en el 1974 fue preseleccionada para el Mundial de Cannes (participó de la gira por Inglaterra). Además, festejó un título  como capitana del conjunto porteño en el Torneo de la República de 1973.
El 27 de mayo de 1978, a las 3 y media de la tarde, Adriana Inés Acosta, 22 años, fue secuestrada por un grupo de tareas en una pizzería de Francisco Beiró y Segurola, esquina del barrio de Devoto. Según el libro Deportes, desaparecidos y dictadura, del periodista Gustavo Veiga, Adriana fue la primera deportista mujer desaparecida durante la dictadura. "Había formado parte del Partido Comunista Marxista Leninista, una pequeña agrupación política con incidencia ?sobre todo? en el ámbito universitario de La Plata", cuenta sobre su militancia un artículo publicado en Página/12 el 1º de octubre de 2006. Era años en los que Adriana se había alejado de su familia para estudiar. Eran tiempos de militancia, de ideología, de sueños que se escurrieron, a la fuerza, a plena luz del día, o en las tenebrosas madrugadas.
 
ESTA TARDE. Viene a alentar como un hincha más. Llega cargada de emociones como nadie más. "El hóckey es el deporte que siempre está entrelazado con el recuerdo de mi hermana, además de muchas otras cosas que me llevan a ella. Pero sin duda esta actividad me conecta con una parte de ella y su recuerdo", relata Leticia ?quien también llegó a jugar en Lomas e integró la Selección?, mientras camina tranquila, sin apuros. Nunca se cansa de esperar.
No había visto jamás a Las Leonas en una cancha, y tuvo un debut mundial. Invitada por Claudio Morresi, titular de la Secretaría de Deporte de la Nación, Leticia alentó contra España, en la semifinal con Alemania y se acercó también para la gran final. "Verlas en directo es muy lindo, siempre las seguía por tele pero es otra cosa. Acá se las ve muy unidas y solidarias, y van para adelante con una fuerza y confianza increíbles. No sé si con la fuerza que tenía mi hermana, tanto afuera como adentro de la cancha. Eso no lo sé", cuenta Leticia, quien fue entrenadora de Alejandra Gulla en Sociedad Alemana de Gimnasia (Lomas), cuando la ahora Leona tenía 5 años.
"Me encantaría algún día saludar a las chicas. Estaría lindo. Pero entiendo que ellas están concentradas en jugar y que puede llegar a pensar '¿quién es esta?' Están en lo suyo y está bien. Además, no tienen nada que ver ni vivieron lo que fueron aquellos tiempos", explica Leticia en las tribunas que ya están repletas. Sin embargo, la distancia entre el recuerdo de Adriana y el presente de Las Leonas no es tal. Cada día, desde que las chicas del Chapa Retegui empezaron a soñar con este Mundial, una plaqueta con el nombre de Adriana las acompaña en el Cenard. "Que la cancha de césped tenga desde el 6 de octubre de 2009 el nombre de mi hermana me emociona, y es un orgullo que este equipo se haya entrenado ahí", admite emocionada. Y en eso, las imágenes, sus imágenes, comienzan a cruzarse sin parar. "Uno de lo recuerdos que tengo de ella era que vivía yendo de un lado para otro con su palo. Una vez se lo llevó a la facultad y cuando se dio cuenta de que no lo necesitaba se lo tiró a mamá por la ventana del colectivo. Ella estudiaba medicina y después de una gira por Inglaterra abandonó casi por completo el hóckey porque tenía que estudiar mucho. ¿De qué jugaba? Acá la imagino con la 7, bien pegada contra la línea, como wing", sueña sonriente Leticia, y el partido está por empezar.
El recuerdo está ahí, abrazado, atesorado y jamás olvidado, e invade la final del Mundial. "Adriana siempre fue una persona muy comprometida que se dedicó por completo a todo lo que se propuso. Apostó su vida por sus ideales y por proteger a sus seres queridos", relata Leticia. Su hermana fue vista con vida por última vez en el centro clandestino de detención llamado El Banco, de Ezeiza, y se presume que fue arrojada a las aguas, en un "vuelo de la muerte".
"No hay más adiós, siempre es un comienzo, y los que se comprometieron siempre vuelven a llegar. Adriana está llegando, va a estar en este lugar, va a estar presente ahora y siempre", fueron las palabras de Morresi el día del homenaje, de la placa que recuerda a Acosta en el Cenard.
Ya empieza el partido frente a Holanda. Como buena hermana mayor, le sigue el rastro. El recuerdo de Adriana acompaña a Leticia en cada paso que da y hoy, en esta final, ayer y siempre, siempre está. Nunca se olvida. <