
Por:
Harry Campos Cervera
El boxeo, cuestionado tradicionalmente por violento, ¿es una herramienta útil? Como entrenamiento, amplía la interacción con los otros, a lo que se suma el sentido de pertenencia al gimnasio. En este contexto, ayuda al chico a forjar una identidad construida sobre la base de la paciencia en el manejo de los tiempos, el respeto por las reglas o el uso compartido de los bienes colectivos, todos ingredientes fundantes de las normas que rigen la red social. Si bien el combate y la competencia no parecen detentar buena prensa, es pueril suponerlos ajenos a la naturaleza humana. Su sabia inclusión en el repertorio de conductas deportivas permite canalizar impulsos hostiles que, de otro modo, se manifestarían en situaciones menos manejables. Los consejos del entrenador, devenidos vademécum para el triunfo, vertebran lo que podría ser un ejercicio pleno de la función paterna, que no es algo menor. Los jóvenes más violentos, propensos al delito y a las adicciones, son precisamente hijos sin padre. La pelea callejera, desprovista de toda ética, adquiere en esta lid del boxeo la nobleza deportiva del fair play, del respeto a la ley y al contendiente.