Tiempo Argentino

Edición: 23 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

23 de Mayo de 2012

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Todas las mujeres de Caetano

Por:
María Iribarren

Me gustaría que ella defienda sus derechos. Que no sufra lo que yo sufrí", cuenta Katerin. La chica tiene 18 años, y alude a su hija Lucía (de 3), hija y nieta, también, de su padrastro abusador. La de Katerin es una de las historias de "madres solas" en las que se basa Fortaleza (martes a las 23:30), el ciclo de Encuentro dirigido por Israel Adrián Caetano.
Si en la idea de Fortaleza anidan catástrofes íntimas, es mediante decisiones formales que el director se desmarca de la lógica dramática televisiva. Caetano parte la pantalla en dos, la comprime en el centro, la expande, ralentiza o acelera la imagen, la pone en reversa, desdobla audio e imagen, acude al fuera de campo en vez de mostrar un rostro penetrado por el dolor, pega intertítulos...
Esta semana, Telefe estrenó el primer episodio de Lo que el tiempo nos dejó, una creación de Sebastián Ortega, con la supervisión histórica de Felipe Pigna. Este primer relato (también dirigido por Caetano) conjeturó el encuentro de Eva Perón (Laura Novoa) con una enfermera, a quien le habría encargado la custodia de sus escritos póstumos. A partir de un texto y un formato convencionales, Caetano logró sin embargo, torcer el énfasis hacia el conflicto de la muchacha oligarca (estupenda Vanesa González).
Como en Fortaleza y en su último largometraje (Francia), en Lo que el tiempo nos dejó Caetano se abismó en la dimensión femenina. Sin ceder al lugar común de la épica efectista, compuso criaturas tan reales (verosímiles) como conmovedoras. Con meticulosidad, exploró lo singular de cada una, el punto del que partieron todas para extirpar la astilla de sus biografías.
No es frecuente en la TV nacional que un varón se pregunte por la condición femenina. Al contrario, todos los días se emiten respuestas (¿órdenes?) desde el prejuicio, la infamia o el estereotipo. Auxiliado por la misma caja de herramientas que usa para hacer películas, Israel Adrián Caetano refunda así una TV dirigida a un espectador que, acaso, todavía no existe.