Tiempo Argentino

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23 de Mayo de 2012

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"Todas las semanas se celebraban grandes asados con los de la Triple A"

La joven brindó una conferencia de prensa en la sede de Abuelas. Dijo que Aníbal Gordon, Raúl Guglielminetti y Otto Paladino se reunían en su casa con su apropiador, Eduardo Ruffo. Relató que fue sometida a maltrato y abuso.

Por:
Gerardo Aranguren

Tras declarar en el juicio oral por la causa Automotores Orletti, la primera nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, Carla Graciela Rutila Artes, identificó a varios de los responsables de los delitos de lesa humanidad que se cometieron en ese centro clandestino de detención. Durante una conferencia de prensa en la sede de Abuelas ayer al mediodía, la joven relató encuentros que muchos de ellos mantuvieron en la casa de su apropiador, el represor Eduardo Ruffo. Entre ellos pudo reconocer a Aníbal Gordon, fallecido jefe de Automotores Orletti, a Raúl Guglielminetti, ex agente civil de inteligencia del Ejército, y a Otto Paladino, titular de la SIDE entre 1976 y 1977.
"Estuvimos prófugos durante dos años, en la vuelta de la democracia. En ese tiempo, una vez por semana, se celebraban grandes asados y todos eran miembros de la Triple A. Se veían armas, y no me cabe duda que allí planeaban sus delitos. Las cosas que robaban las tenían en bolsas de basura gigantes que pasaban por mi casa", relató Rutila Artes.
La joven fue recuperada por Abuelas hace 25 años, el 25 de agosto de 1985. Junto a su madre, Gabriela, había sido trasladada desde Bolivia en agosto de 1976 y llevada al centro clandestino de detención Automotores Orletti, que funcionó en el barrio porteño de Floresta como sede del Plan Cóndor. A través de un examen de sangre, la justicia comprobó su verdadera identidad y, si bien Ruffo fue condenado por la falsificación del documento de la menor, nunca fue juzgado por la apropiación.
Ahora habla con acento español, porque se fue a vivir a la Península junto a su abuela materna, Matilde Artes Company, después de recuperar su identidad. Lleva un audífono en su oído derecho, secuela de la dura vida que le tocó llevar: las golpizas fueron una constante desde que su madre fue secuestrada y ella, de sólo nueve meses, era llevada a la sala de torturas para forzar una confesión. Luego, en la Argentina, su apropiador la sometió a sistemáticas golpizas y abusos sexuales.
"Mi recuperación fue bastante esperada, porque mi abuela apareció en televisión con una foto mía. Le pregunté a Ruffo qué hacía esa señora con mi foto y, aparte de una gran paliza, me respondió que era una vieja bruja que me buscaba para sacarme sangre. Después apareció un afiche de Abuelas de Plaza de Mayo con una foto mía y de Ruffo. Esto lo vi yo en el periódico clandestinamente, porque no me dejaban leer nada", contó. Además, recordó el momento exacto del primer abrazo con su abuela: "El reencuentro fue muy emotivo, el juez nos presentó y ella me dijo 'Carlita, soy tu abuela y hace nueve años que te busco', estiró los brazos y no hice otra cosa que acurrucarme 10 minutos."
El viernes pasado, Carla tuvo la oportunidad de volver a ver a Ruffo al declarar ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de la Ciudad. "No tuve miedo, desde que me enteré que iba a venir a la Argentina pensé en qué iba a hacer frente a él. Mi abuela dijo que si se lo encontraba le iba a quitar la piel a tiras. Yo creo que hice lo mismo, pero a través de mi mirada: mi propósito fue  mirarlo a la cara y saber que no iba a poder sostenerme la mirada", dijo la joven, y agregó que utilizó el proceso judicial para reparar su historia: "Las heridas físicas se curan, pero las psicológicas tardan un poco más, los abusos sexuales han sido un trauma muy importante que no lo pude decir hasta que tuve 18 años, con un sentimiento de culpabilidad. Mi autoterapia ha sido venir aquí y contar esto." 
Carlotto agradeció el testimonio de Carla: "Para las Abuelas es un impulso más para seguir luchando por los 400 nietos que faltan. Todos los chicos recuperados se han identificado con su historia y con las ganas de construir la verdad", expresó. <