
Por:
Carlos Cheppi
En el sector agropecuario nacional existe una renta de doble piso. Está la renta del propietario de la tierra, que hoy está cobrando, en las mejores zonas, U$S 500 por hectárea, y la renta del que produce, del que arrienda. La Argentina es, quizás, el único país del mundo que tiene este sistema de producción, donde, en promedio nacional, el 60% se hace por arrendamiento. Ningún país del mundo supera el 30% en este sentido. Claro, el propietario quiere cobrar los 500 dólares, y está en todo su derecho. Quien trabaja la tierra, a su vez, quiere ganar $ 700, que es más o menos la rentabilidad que se quiere obtener. Entonces, estamos hablando de U$S 650 dólares por hectárea. Esta es la discusión de fondo. ¿Y por qué no se fertiliza o se fertiliza mucho menos? Porque a los valores de la cosecha anterior, U$S 300 es aproximadamente el costo de lo que uno debería fertilizar. Obviamente, si fertilizo, pierdo renta. ¿Entonces qué hago? Pierdo un poco de rendimiento, total la Pampa Húmeda argentina todavía aguanta, tiene todavía carbón y nutrientes que podemos seguir extrayendo sin reponer. Y la renta de corto plazo hace que, tanto el que la produce como el propietario, tampoco se fije en esto. Vayamos a la hipótesis de máxima: no tenemos retenciones. ¿Ustedes creen que quien alquila el campo se conformará con U$S 500? ¿No va a pedir 800 o 1000 dólares de renta? Hasta ahora esto se ha ido trasladando al aumento del cobro del arrendamiento. Esto tiene que ver con aspectos tecnológicos y no es sustentable. Entonces, lo de la renta extraordinaria viene por este lado. Quien da en arriendo el campo, a su vez no tiene que reinvertir absolutamente nada para volver a cobrar el arrendamiento al otro año, lo cual sí debe hacer quien alquila, porque tiene que invertir todos los años para poder sacar esos $ 600 o $ 700 que pretende. A nuestro entender, este es uno de los grandes problemas. Cuando uno analiza la estructura de costos para quien alquila, tanto que se dice que el glifosato aumentó el 100 o el 200%, al igual que muchos de los agroquímicos, en realidad sumados los fertilizantes y los agroquímicos en general, ese costo no supera el 20 por ciento. Pero cuando uno analiza la estructura de costos, que es la que me interesa para meter más o menos tecnología, el 36 o el 45% -depende de las zonas de que se trate- es de arrendamiento. Entonces, contra eso hay que hacer algo. El tema es que el Estado es quien debe intervenir fuertemente en este proceso. Un paso en ese sentido sería una ley arrendamientos, aunque una ley sola no resuelve todos los problemas dada la complejidad del fenómeno. Es probable que cuando los productores hagan sus números digan: "Si a nosotros nos ponen en el uno a uno de vuelta, con los precios internacionales actuales, esa concentración económica que ya está dada se fomente, puede ser viable." Pero lo que no va a ser viable es el resto del país. Las fábricas de maquinarias agrícolas se recuperaron después de 2003 y hoy exportan tecnología, que a veces no aplicamos en forma completa acá. Es una herramienta espectacular para que el país produzca más agroindustria, sostenida en la industria que vende al mercado interno.
Hay muchísimo trabajo para hacer. Pero, obviamente, hay que definir claramente que la transferencia de recursos de estas rentas tiene que generar una posibilidad, no la única, de transferir recursos al resto de la economía. No hay otra forma de desarrollar un país.