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Tiempo Argentino
No se vistió de gala, como en sus mejores épocas . No se vistió de seda, porque no le alcanza para tanto a este plantel de poca etiqueta. Pero Independiente, anoche, en Rosario, se cambió esa ropa raída, deshilachada, del inicio de la temporada. Sin la presión de la caldera del Libertadores de América, el visitante jugó sin nervios, aliviado, su mejor partido en la era Garnero . Se maquilló y salió a la cancha con un juego renovado, con el tandem Gracián -Rodriguez como abanderados de una impronta que el técnico, por fin, ayer pudo imprimirle a su equipo. Pero no le alcanzó, porque no aprovechó las varias situaciones de gol que construyó y Newell´s, animándose de a poco, se lo empató.
Desde el principio, el conjunto de Avellaneda reflejó en la cancha la tranquilidad con la que vivió el partido su entrenador, ratificado en el cargo por la dirigencia tras el tambaleante inicio. Leandro Gracián, en su constante inconstancia se mostró activo, resolutivo, y encontró su socio ideal en Patricio Rodríguez, que ayer, como se esperanzaba el hincha del Rojo desde su aparición en Primera, tuvo lapsos en los que se puso el equipo al hombro.
El juvenil de 20 años recuperó el balón en la mitad de la cancha y encabezó el contragolpe, letal para este Newell`s de andar irregular, que tras la asistencia del Patito, Silvera abrió el marcador.
Con la diferencia a su favor, Independiente hizo un culto de la tenencia de la pelota, con los enlaces como estandarte, y con los espacios brindados por un mediocampo local desequilibrado en la primera etapa, y desesperado por el resultado en contra en el complemento.
El equipo visitante ganó en las dos áreas. Porque en la propia, a excepción de llegadas esporádicas, Newell's careció de poder ofensivo, por la soldedad absoluta en la que estuvo Iván Borghello. El despliegue de Sperdutti, por el sector derecho de la mitad de la cancha, no alcanzó para generarle riesgo a una defensa visitante caracterizada por flaquear en este arranque de torneo, pero que ayer no sufrió sobresaltos.
Y también ganó Independiente en el área ajena. No sólo por el tanto convertido por Silvera, sino también por las ilusiones que genera a este equipo apático en el nacimiento del certamen en la que generó varias situaciones de riesgo que, de no haber sido por la labor de Peratta, habrían ampliado la diferencia en el marcador.
Pero en el fútbol los porotos se cuenten por cuantas veces la pelota va a la red y en una distracción de Galeano Sperdutti mandó un centro que Formica transformó en la injusticia del empate por el que Ñuls hizo bastante poco.
El fútbol, deporte de motivaciones colectivas, genera y ante el lavado de cara del Rojo, mostró una imagen absolutamente renovada que, de todos modos, inmerso en esta racha negativa, tampoco le alcanzó para cantar victoria.<