Tiempo Argentino

Edición: 22 de Febrero de 2012

22 de Febrero de 2012

+Buenos Aires

T26.2° H51%

La violencia desangra a Guatemala

Una agencia de las Naciones Unidas estableció que la tasa de homicidios se incrementó un 120% entre 1996 y 2007. El organismo asegura que las causan están en la pobreza y la impunidad, no en el narcotráfico o las pandillas.

Por:
Por Brian Majlin Desde Guatemala Para Tiempo Argentino

Cuando hace 15 días el presidente Álvaro Colom pidió que las elecciones de septiembre no se vieran empañadas por la inseguridad, no sabía que a los pocos días matarían al cantautor argentino Facundo Cabral. Y aunque varios medios de comunicación le dieron al asesinato una lectura política, varias personalidades -la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, entre ellas- advirtieron sobre un gran problema de años en Guatemala: la violencia social.
El informe del Proyecto de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de América Latina señalaba que la violencia en Guatemala era desesperante, con un incremento de la tasa de homicidios -desde 1996 al 2007- del 120%. Y destacaba dos causas vinculadas, que se alejan de las típicas -narcotráfico y maras (pandillas)-: la pobreza y la impunidad.
José Joaquín, un chapín (como se llama a los guatemaltecos) de clase media -que se define como un "salvado" por poder vivir de su trabajo- también ve múltiples causas en la violencia y explica que "un sicario puede cobrar 20 dólares por asesinar a alguien". Y arriesga: "La violencia actual tiene mucho que ver con la guerra y la pobreza. Los niños se convierten en mareros, narcos o sicarios porque no hay esperanza".
Otro aliciente para meterse a sicario: menos del 2% de los homicidios cometidos tienen condena. "Incluso siguen impunes los de la guerra civil, que se supone acabó en 1996", explica Gustavo, un músico que recorre los bares céntricos para ganarse la vida.
Un ejemplo de impunidad: esta semana Guatemala retiró el pedido de extradición a España por Carlos Vielmann, ministro de gobierno entre 2004 y 2007, acusado por el asesinato de campesinos y civiles a manos de la policía. El columnista Óscar Marroquín -del único diario de izquierda, La Hora- lo explicó así: "El manoseo de nuestra justicia es tremendo y aunque duela mucho a los operadores, hay demasiada venalidad y en una u otra instancia siempre hay chances de que quien tiene plata pueda inclinar la balanza." Impunidad de clases.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística de Guatemala lo refrendan. La canasta básica vital se estima en 4000 quetzales -casi 500 dólares-, mientras que el sueldo mínimo ronda los 225 dólares y el 50% de los chapines no alcanza la subsistencia mínima. En la capital, sin embargo, se ven los edificios más lujosos de Centroamérica. "Tenemos los mismos habitantes que en toda Costa Rica y más gente de clase media y alta, pero en pobreza estamos a la par de Haití", chilla José Joaquín. Guatemala tiene uno de los peores coeficientes de desigualdad de la región y eso queda tapado por temas como el narcotráfico y las pandillas.
Desde los sectores conservadores -por ejemplo el periódico Prensa Libre- aducen que los problemas familiares, y no la pobreza, son la puerta de entrada a las maras y a la violencia.
El activismo independiente es poco escuchado y los políticos tradicionales no solucionan el problema. "La izquierda quedó prácticamente agotada tras la guerra", cuenta resignado Luis Enrique, un barman. Aunque reconoce la inseguridad, sigue la idea de que no se debe sólo a las maras y el narcotráfico que acaban por "servir de excusa".
José Joaquín lo ve a su modo: "La zona 18 es de maras y el barrio El Gallito, donde las casas cuestan 2000 dólares porque nadie quiere vivir ahí, es de narcos. Uno sabe dónde puede ir". Sin embargo, aclara que no vive con "psicosis" como la mayor parte de los ciudadanos.
El cantante Ricardo Montaner anunció que no viajará a Guatemala por el Teletón 2011 -un evento solidario- por miedo. En Guatemala, la seguridad es tan importante como en cualquier país de Latinoamérica, pero algunos chapines pasean sin hacerse demasiado problema.
"Uno se acostumbra", dice José junto a sus amigos de Wayra Taki, una banda de música andina. Eduardo, que lleva los vientos, asume otra postura: "Tampoco podemos resignarnos a vivir con miedo, hay que apoyar a los que exigen acabar con la impunidad."  Ellos no están entre esa mitad que vive en la pobreza. Ellos, como dije José, están entre los "salvados".<