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Recién llegada de Nueva York, Juana Sapire, viuda del cineasta desaparecido Raymundo Gleyzer, dio su testimonio ayer ante el Tribunal Oral Federal 4, en la causa por el centro clandestino de detención El Vesubio, en que se investigan los delitos de secuestro, torturas y asesinato contra más de 150 víctimas.
En los Tribunales de Retiro, Sapire recordó el secuestro de su esposo en la puerta del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) y su posterior paso por El Vesubio, ubicado en Camino de Cintura y Autopista Richieri, donde fue visto por última vez junto al escritor Haroldo Conti.
“Di mi testimonio y el de mi hijo Diego. Espero que sirva para algo y lleve algún poquito de justicia”, manifestó Sapire a Tiempo Argentino, y recordó lo “lindo que fue” gritarle “Presente” a Raymundo después de tantos años. “Declaré ante unos seres horribles, que miraban hacia abajo, que se hacían los desentendidos, que no responden a nada. Lo que hicieron esas bestias no se soluciona con nada, a mí no me devuelven todo lo que me han sacado”, agregó.
Con la sala de audiencias repleta, Sapire leyó además una carta enviada por su hijo, Diego Gleyzer, con quien se exilió en 1976. “Acá me siento, a miles de kilómetros de mi patria. Por culpa de ustedes me tuve que ir de mi país, pero mi Argentina vive muy cerca de mi corazón. Ellos sólo querían ayudar y educar… Ustedes sólo querían violar y estrangular las ideas y la libertad. Raymundo y todos sus compañeros vivían para otros…Ustedes ni siquiera viven por nada, sólo la destrucción. Milicos… Arrogantes…Repugnantes… Pensaron que iban a ganar con la violencia y la represión… ¿Saben quién ganó…? Creo que finalmente, se están dando cuenta”, escribió Diego en un extracto de su declaración titulada “No están… pero siempre estarán”.
Gleyzer fue secuestrado el 27 de mayo de 1976. Era militante del ERP y había dado forma a la agrupación Cine de la Base, que comenzó a denunciar desde sus documentales clandestinos la situación que se vivía en la Argentina predictadura. “Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán”, dijo el cineasta en 1974, el año en que filmó el corto Me matan si no trabajo y si trabajo me matan. Un año antes había terminado su único largo de ficción, Los Traidores, donde retrata la historia de un sindicalista de derecha, físicamente idéntico a José Ignacio Rucci. <