Tiempo Argentino

Edición: 23 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

23 de Mayo de 2012

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Vivita y coleando

Nada puede imponerse en esta Argentina de hoy, donde la realidad va contra cualquier agenda impuesta. No perdona. La gente está viva, con necesidades y preocupaciones concretas. Esa es la única 'agenda' posible.

Por:
Florencia Peña

"Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento, y muera el que no piense como yo."
Voltaire.
 
La realidad se impone. No hay manera de frenarla. Se impone a los medios hegemónicos. Se impone ante la agenda de la oposición. Ante la mirada derechosa de Macri y su ministro Bullrich. Ante la furia desbocada de Lilita. Ante Magnetto y sus secuaces. Se impone. Se filtra. Incomoda. Se vuelve irrespetuosa frente a quienes intentan frenarla desesperadamente. El aire está denso. Y más denso desde que la presidenta decidió salirse del libreto. Hacer uno nuevo. Dejar de contar la misma historia una y otra vez. Dar vuelta la página. Construir con otros cimientos una Argentina que hable de "todos y todas", y no de unos pocos. No de los mismos de siempre. Y así la Ley de Medios Audiovisuales irrumpe en escena. Está vigente y aplicable. Merece una fiesta. Más allá de los partidos políticos, de los credos o las diferencias. Esta ley es un avance profundo para la democracia. 
Después de casi un año de su aprobación en el Congreso, y de muchas maniobras del monopolio ante la justicia, entró en vigencia. Algo que seguramente será recordado como un hito en la vida cultural y política de nuestro país. Algo que seguramente la diputada Silvina Giudici, preferiría olvidar. Parece inexplicable, pero recién después de veintisiete años de gobiernos electos pudimos cambiar el decreto-ley de radiodifusión de la última dictadura. Porque si repasamos un poquito la historia, podemos ver que, el único gobierno que accionó sobre el campo de los medios de información fue el de Menem, y como todo en su accionar, con consecuencias nefastas: el menemismo, con sus políticas neoliberales, habilitó la creación de los multimedios, esto es, la concentración de medios masivos en manos de unos pocos grupos empresarios. Los mismos grupos empresarios que siguen intentando conservar su hegemonía, mediante la desinformación y los artilugios legales, con la ayuda o la complicidad de la oposición. Y vaya si la oposición ayuda, que se indignan cuando a Clarín le tocan el bolsillo. Se vuelven loooocossss. Pero lo que yo sigo sin entender es: ¿por qué defienden a las empresas más millonarias de la Argentina ? ¿Ellos no fueron elegidos por el pueblo? ¿O nos perdimos un capítulo y en el medio pasaron a trabajar sólo para Magnetto? Lo que me tranquiliza es que, pese a Bullrich, Gil Lavedra, Daher y compañía, la democracia avanza.
Entre tantas dilaciones e información tergiversada, en un momento me pregunté qué significaba esta nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en concreto. Y tuve que ponerme a hacer memoria para ver cómo será el panorama de nuestros medios de acá a un año. ¿Qué televisión y qué radio vamos a mirar y escuchar los argentinos en 2011? Veamos algunas de las aplicaciones de la flamante ley.
Por empezar, los canales de televisión abierta tendrán que emitir un mínimo del 60% de producción nacional en sus contenidos. Esto significa más trabajo y difusión para conductores, investigadores, directores, guionistas, actores, técnicos... Esto es darle más importancia a nuestro arte, nuestra cultura, y no seguir importando modelos ajenos. Las radios privadas, a su vez, tendrán un mínimo de 50% de producción propia, y el 30% de la música deberá ser de origen nacional. Quiere decir que vamos a escuchar la voz de más periodistas, locutores, músicos y otros artistas locales. Además de fortalecer la economía nacional, esto constituye una gran oportunidad: un cambio profundo en la construcción de nuestra identidad como país.
Uno de los puntos más importantes es la fijación de una cuota de pantalla para el cine nacional. Los canales de televisión abierta y de cable tendrán que exhibir obligatoriamente, en estreno televisivo y en horario central, ocho películas nacionales por año, o sea 40 estrenos argentinos por año. Y las señales regionales o de cable, que están eximidas, aportarán al fondo del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), es decir, ayudarán a financiar el cine local. Las personas que sabemos lo difícil que es producir cine en la Argentina no podemos más que celebrar.
Otro tema central es el impulso a un verdadero federalismo. Hoy, el 70% de los programas de televisión de aire que se emiten en la Argentina son enviados desde Buenos Aires: el 83% provienen de Telefe y Canal Trece. A partir de la entrada en vigor de la ley, los canales de televisión van a tener que dar lugar a un mínimo del 30% de programación local y propia, e incluir noticieros regionales. Por ejemplo: la gente de Santiago del Estero no se va a tener que poner paranoica por la inseguridad en la Ciudad de Buenos Aires. Para las radios el mínimo será de 60%. O sea: vamos a escuchar más voces. Vamos a tener acceso a más fuentes de información, a más puntos de vista. Más conexión con los problemas de cada comunidad, y fundamentalmente, según el enfoque de sus propios protagonistas. Más trabajo para periodistas y artistas en las ciudades y pueblos del interior.
Pero sobre todo, y este parece el único punto que preocupa a los lacayos de la oposición, esta ley es claramente antimonopólica: los grupos empresarios no podrán controlar más de 10 licencias de televisión y radio abierta en todo el país. Esto es lo que garantiza una pluralidad en los medios de comunicación. Está claro que cuando existen monopolios mediáticos, existen también monopolios ideológicos. Y con más de trescientos medios, como es el caso del Grupo Clarín, más la empresa Papel Prensa, no quedan dudas de quién maneja la opinión pública en estos momentos. Por eso me causa gracia, cuando escucho al Grupo A hablar de libertad de expresión, cuando ellos trabajan activamente para que los monopolios existan, ahora y siempre. Pero, la realidad vuelve a mostrarnos su capacidad hacedora, y en el plazo de un año, si la Corte Suprema se expide pronto, vamos a ver cómo se desmontan los oligopolios. Y cómo se empiezan a adjudicar licencias a organizaciones sin fines de lucro, universidades, sindicatos, cooperativas... Es un paso necesario e importante, pero como le toca el bolsillo a varios poderosos, seguramente darán pelea hasta el hartazgo. Porque estamos hablando de grupos privados, que hacen "negocio" con los medios de comunicación. Así de simple y claro. De eso hablamos, de negocios. Eso defienden los opositores. Los negocios de sus futuros aliados, en las próximas elecciones. Una pelea muy distinta a la que están dando los alumnos de los secundarios, que ya cansados de reclamar por mejoras en las escuelas con petitorios, pedidos de audiencias y asambleas, decidieron tomar las escuelas, como último recurso para ser escuchados. Estos alumnos que con orgullo se proclaman por una mejora educativa, que nos compete a todos, merecen nuestro respeto. Por esta y por las generaciones futuras, debemos atender y entender a la educación como el pilar más importante para una sociedad justa. La educación pública y gratuita tiene que ser prioridad en un estado democrático.
Pero el macrismo vuelve a mostrar la hilacha. El pedido del ministro de Educación de armar listas para tildar con nombre y apellido a los adolescentes que participan de estas tomas los vuelve a dejar en evidencia. Vuelven a demostrar cuál es el perfil real del gobierno de la ciudad. Íntimamente ligados con la derecha más reaccionaria de la Argentina. Su manera de resolver el problema, que les corresponde solucionar, es atacar a los jóvenes, ponerlos en listas negras, censurarlos y hacerlos ver como anarquistas o chavistas. ¿Cuál es la parte que no se entiende? Los colegios se están cayendo a pedazos. ¿Por qué no ejecutan el presupuesto que tienen para educación, y dejan de recortar las becas, pagan las ya otorgadas, y vuelven a poner a la educación en el lugar que se merece? ¿Es tan difícil? Cuando a mí me contratan para actuar, yo voy y actúo. Y si no lo hago, o lo hago mal, el que me contrata tiene derecho a reclamar por mi incumplimiento. Esto es lo mismo: Hagan lo que tienen que hacer. Nunca se hacen cargo de nada. Pierden mucho tiempo en defenderse, y poco en hacer.
Primero fue el nombramiento de Abel Posse como ministro de Educación. Un tipo que revindicaba a la dictadura. Se tuvo que ir. Después Esteban Bullrich, que censuró los contenidos elaborados para la escuela secundaria. Está más que clara la política educativa del PRO. Dejen de tirar la pelota afuera. Estos pibes quieren estudiar, y nosotros como adultos debemos garantizarles una educación digna. No los tilden de vagos, como una apuesta simplista para reducir el problema. No pueden estudiar en las condiciones, que muchas escuelas presentan. Lo que sucede es "real" y hay que solucionarlo. Una buena gestión se ve cuando los problemas se atacan con soluciones y no cuando las soluciones se ven atacadas por los problemas. Y vos Macri... ¿De qué lado estás?
Y volviendo un poco al principio, está claro que nada puede imponerse en esta Argentina de hoy, donde la realidad va contra cualquier agenda impuesta. No perdona. La gente está viva, con necesidades y preocupaciones concretas. Esa es la única "agenda" posible. Atender las necesidades de un pueblo cansado de entender que lo importante nunca le toca, que siempre se posterga, que los que quieren decidir las prioridades, siempre ponen el acento en otro lado. Ahora lo importante somos nosotros. La realidad está viva: vivita y coleando. <